BrianEnriquez

BrianEnriquez 19 de Diciembre de 2017

aND JUSTICE FOR ALL.

Lo único que me salva de la crueldad de esta rutina que escogió el humano, es encerrarme a escuchar música y a problematizar mis pensamientos, mis convicciones, todo lo que creo y creí. Cuestionar todo lo que escucho y preguntarme qué es lo que veo. A veces me ahogo en melancolía, me asfixio con mis nudos en la garganta. A veces me resigno y dejo de esforzarme, dejo de buscar esa chispa que tanto deseé encontrar hace un tiempo. Días como el de hoy, se reafirman mis pensamientos. ¿En qué pienso?

 Estos días, estos meses, me ronda una idea: la justicia es solamente una ilusión. Es una cortina. Una máscara para que el estallido no tenga una fecha. Un placebo. Un proceso judicial se resume de forma básica a un par de cosas: un hecho, una denuncia y dos posibles desenlaces: dependiendo del hecho, un juicio y condena, o un procedimiento para llegar a una solución alternativa a un conflicto, es decir, una mediación, un arreglo. Todo con la misma meta, dar una "solución" a la víctima. A la víctima, que desea venganza, que exige que de alguna manera se le compense todo lo sufrido. Hablando de hechos graves, nunca hay una solución. Alguien asesinado ya no está, y esa ausencia su familia la sentirá el resto de sus días. El causante, si se le da curso a la investigación, pagará su condena. ¿Y esto qué cambia? Absolutamente nada. Un preso es un número, al igual que quien fue asesinado. Un preso es una ausencia en su familia, al igual que la víctima. Sí, el preso sigue vivo, pero eso solo genera más sufrimiento. "Que se la banque", dirán algunos. Muchas veces el culpable tiene hijos, y en un contexto desfavorable, esto no puede ser más que un factor negativo. No importa, el culpable ya está preso, las víctimas o los denunciantes, contentos. Le hacen un presente a quien llevó la causa, a quien determinó la condena, como muestra de agradecimiento; por haber privado a alguien de su libertad en compensación de un delito.

Hay un común denominador en todos los casos que llegan al poder judicial: la falta de inversión en una educación pública de calidad. Soy adepto a la idea de que la educación es la solución de raíz, para todo. Alguien con secundario terminado y un estudio superior tiene las bases para un futuro sustentable. Si el Estado brindara las posibilidades verdaderas, los ilícitos serían muy pocos en comparación de nuestra realidad. Si el Estado financiara la educación como corresponde, seríamos una especie que utilice la empatía como motor del pensamiento, como generador de ideas. 

Cuando uno tiene la capacidad de sentir verdadera empatía, no existe la voluntad de cometer un delito, de hacer algo que perjudique al otro. Pero existe un problema con esto: la empatía genera unión. El arma a la que más le temen las clases dominantes. Quedó demostrado este fin de semana tan agitado en Argentina. Se evidenció cómo los intereses de los grupos económicos más grandes fueron protegidos por unos policías, tan pobres como los que protestaron, atemorizados, sin terminar de entender qué tareas realizaban en ese lugar, minado de piedras y gente totalmente furiosa. La falta de empatía genera esto. La falta de empatía empuja a un uniformado a rociar a un anciano con gas pimienta, sólo porque sí. La falta de empatía empuja a los demás pobres a indignarse por las baldosas rotas, en vez de indignarse por sus familiares y prójimos cada vez más pobres. La falta de empatía empuja a los medios a criminalizar la protesta y a quienes hacen uso de este derecho. Empuja a violar, a matar, a ultrajar, humillar, a asustar, empuja a discriminar, empuja a odiar al otro. Sin embargo el poder de la empatía es mucho más fuerte que la falta de ésta. El amor incondicional, el amor por nuestra especie, por nuestra gente, es algo que quema a quien no lo quiere abrazar. Es algo que deja ciego a quien no lo quiere ver, deja sin sentidos a quien no desea empatizar. Este es el problema que se daría si se invirtiera verdaderamente en educación: Una persona educada piensa, pero con mucha más fuerza, siente.

Pero, ¿qué tiene que ver la justicia con la educación? 

Como hace unos cuantos meses le vengo diciendo a mi querida vieja: Si la educación fuera de calidad y desinteresada, casi no haría falta el Poder Judicial. ¿Por qué? Porque éste último fue creado para tapar los baches que deja la desigualdad. Quienes no recibieron una educación de calidad, no tienen posibilidades. Quien no tiene posibilidades, busca una salida rápida. Las víctimas son representadas por el Estado, se llega a una "solución" y así el sistema es cruelmente sostenible. Seguramente la víctima volverá a serlo, pero en ese caso, aplíquese la misma fórmula. 

El sistema es esto, una cortina que no deja que veamos con claridad el contexto que transcurre entre nosotros, que nos atraviesa. Somos carne que un día muere y se pudre, en el contexto que sea. Por eso; no importamos, somos totalmente efímeros e inservibles para el Universo, cuyo objetivo y origen vaya a saber cuál es. La justicia es el matafuegos que el humano creó para mantener calmado su propio fuego. Es la mentira que los dueños del planeta inventaron para mantenerse a salvo. Vivimos muy poco como para haber creado tremenda burocracia. Pero somos muchos, y no hay mansión blindada que soporte tan bruta horda de carne enfurecida. Por eso no nos educan. Por eso dan respuestas provisionales, por eso construyen cárceles sobre las lágrimas. Por eso fue creada esta burocracia, fue transmitida de generación en generación para mantener el orden establecido. Así es como nos siguen exprimiendo a lo largo de los siglos, así nos docilizan. 

Es negocio, ¿no?

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